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Deconstruir el ser digital, nuestro ser en la red

Tatiana Avedaño

Colombia

El 2016, para muchas personas en diferentes latitudes fue un año muy fuerte, emocionalmente y psicológicamente. Muy cerca de Quito, en el mes de junio durante 5 días, 58 mujeres y personas trans, vivimos un espacio de transformación, técnica y sensible; entre el entrenamiento, la colaboración y discusión en temas relacionados con el ejercicio de la Libertad de Expresión y el Derecho a la Privacidad y la Seguridad en Internet.

Tener un espacio feminista para la transferencia de conocimientos tecnológicos, más allá de responder a la dificultad de los compañeros para transferir este tipo de conocimientos a nosotras, es una acción cargada de potencias porque aprendemos mejor entre nosotras, porque nos enseñamos más fácil, porque le perdemos el miedo, porque eliminamos el misterio y reconocemos que la red al igual que muchos otros espacios de la vida no son un dominio exclusivo de los hombres (varones blancos). Vivir y pensar la tecnología desde las luchas de género, tiene la potencia de pensamiento que tiene el pensar desde la “marginalidad”, desde los sin voz, desde los que siempre hemos estado detrás.

El IGT fue una oportunidad para comprender la tecnología desde un lugar particular, como herramienta y no como fin en sí mismo. Entender como funciona y decidir como la podemos usar y como lo queremos usar de acuerdo a nuestras necesidades, nuestra amenazas y sobre todo, para lograr la realización de nuestros sueños. En ese instituto, diversas mujeres y personas trans de Latinoamérica nos acerquemos a la idea de la “feminización de la red”, que implica reflexionar sobre lo que hacemos dentro y fuera de la red, como una táctica política que nutre y fortalece nuestras diversas formas de lucha por un mundo más libre y justo. Como una invitación a transformar los imaginarios que tenemos de la red, que definen la manera como la habitamos y como construimos nuestras subjetividades a través de ella y en ella, nuestro ser bit resuena en nuestro cuerpo sensible. Reconocimos que podemos tomar el control de nuestras vidas digitales y que esto implica no solo el manejo de herramientas, sino también el cuidado holístico de la vida, de nosotras y de nuestras compañeras, porque “lo personal es político”.

Tener un espacio feminista para la transferencia de conocimientos tecnológicos, es una acción cargada de potencias porque aprendemos mejor entre nosotras, porque nos enseñamos más fácil, porque le perdemos el miedo…

En el IGT, las sesiones se dividieron básicamente en 4 grandes bloques: 1. Seguridad digital 2. Políticas de datos 3. Género y tecnología 4. Formación holística. La armonía del encuentro, la selección y la disposición de las participantes, propicio un espacio de confianza, acogedor que animo el intercambio y el aprendizaje. En la mitad del mundo el amor estalla y más si es en Inti Raymi. 4 años atrás, ese mismo día estábamos en la mitad del encuentro de arte, ciencia, tecnología y comunidad, labSurlab, Quito 2012, donde también tuvimos una intensa y amorosa sesión en la que reflexionamos sobre nuestra relación con la tecnología y qué entendemos por tecnología, guiados por tres compañeros indígenas de diferente procedencia (Eliana de Quito-Ecuador, Rigoberto de Oaxaca-Mexico y Gustavo del Valle del Cauca-Colombia). La mitad del mundo, Ecuador, es un lugar poderoso para espacios ricos en afectos y emociones. Hoy vivo un hermoso reencuentro, en el que se encuentran varias celebraciones anteriores del Inti Raymi y se hace urgente aprovechar esta fecha para compartir mi experiencia del IGT, Quito 2016, diluida por el tiempo, sazonada por los reencuentros. He tenido la idea muchas veces de escribir este texto, pero ahora que estoy cerca del Inti Raymi, es inevitable no escribirlo, llega a la manera un agradecimiento, un grato recuerdo y una posibilidad de traer al presente de nuevo esas fuerzas poderosas que compartimos hace un año.

Muchas compartimos el sentimiento de no volver a ser las mismas después de ese encuentro, la mejor parte de esa experiencia para mi fue: La formación holística, la inserción (o reinserción) de los cuidados como una parte fundamental no solo de la seguridad, sino en general de nuestras luchas. Y el diseño de estrategias para performar en la red como una táctica de seguridad, pero también de libertad de expresión y reconquista de la intimidad.

Después del IGT, tuve la sensación de no poder volver a ser la misma, con una nueva marca en mi línea de vida, al conocer otras formas de ser y habitar en la red, donde recordamos que no estamos solas, en el intercambios de buenas y poderosas vibraciones entre las participantes. Volví a mi casa transformada, con una gran cantidad de cosas que aprender y transformaciones en mi relación con la tecnología que continuo tejiendo. Retomar el control de nuestros datos, decidir que información entregamos voluntariamente, ser conscientes de lo que estamos dando. Nuestra vida privada y nuestra vida intima se cruzan con la militancia y ante eso, no podemos seguir inmóviles. No estamos solas y seguimos aprendiendo.

*Filósofa que ha centrado su trabajo en la estética y política contemporánea, los movimientos sociales y las nuevas tecnologías.

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