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MARGARITA, LA MADRINA QUE ENCONTRAMOS EN MACAS

Por: @Warmifonias

La historia con Margarita empieza como toda buena historia: con una comida deliciosa y sin planes de encontrarla.

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Habíamos llegado a Macas un viernes en nuestro 7mo día de viaje en bicicleta y decidimos parar 1 día a descansar. Doña Dora y Don Carlos, una generosa pareja amiga de Paty, nos prestaron su casa de campo a las afueras de Macas y nos pareció el lugar ideal para pasar nuestro día de descanso.

El sábado por la mañana salimos hacia la ciudad buscando farmacias, bancos y algo para desayunar. Sin referencia alguna caminamos hacia la plaza principal y encontramos en esquina un amable señor que ofrecían bolones de verde con queso y batidos de fruta.

Al entrar, una chica de ojos almendrados y mirada curiosa nos saludó y tras hacer el pedido nos invitó a sentarnos con ella.

La química fue inmediata y la charla con ella duró más que los bolones en ser comidos.

Valeria Zeas, una mujer muy inteligente y de hablar pausado, ha sido varias veces campeona nacional de Ping Pong. Ortodoncista de profesión, Vale no dudó ni un segundo en hablar con conocidos y llevarnos en su auto cuando le contamos del proyecto y de las mujeres que andábamos buscando.

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Nos llevó en búsqueda de doña Pascualina, una abuela curandera y habitante añosa de Macas que Vale pensó podría ser un perfil interesante para conocer.

Lamentablemente no se encontraba en la ciudad por lo que seguimos por una calle arbolada lindante con un mirador que se asoma al Río Upano.

Como todo espacio de tierra que se encuentra en este sector, íbamos mirando desde el auto Heliconias, árboles de Sapote, palmas, orquídeas y otras plantas tropicales, exóticas para nuestros ojos citadinos acostumbrados a las escalas de grises.

En medio de ese paisaje colorido apareció una casa de estructura de madera, amplias ventanas y calcomanías de pájaros pegados sobre ellas. Algo inmediatamente nos cautivó.

– “Aquí vive una escritora Suiza, ¿quieren conocerla?” preguntó Vale.

Sin dudarlo ni un segundo ya estábamos bajando del auto.

Vale se acercó a la puerta y una señora salió acompañada de un perro cocker con unos singulares bigotes

Vale nos presentó y le contó qué hacíamos ahí, la señora abrió sus brazos y con una enorme sonrisa que le iluminó la cara dijo:

– “¡Pasen, pasen! ¿Quieren café recién molido?”.

Margit Irmgard, periodista Suiza – austriaca de 80 años de edad, vive en Macas desde hace 5 años.

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Nos descalzamos para ingresar y nos recibió un altar a la entrada. El piso y columnas de madera, un exquisito olor a café recién molido, la cocina integrada a un amplio comedor con mesa grande nos hacían sentir en la casa de una gran familia.

En la sala, un cuadro nos llamó la atención.

– “¿Qué ven ahí?”, preguntó Margarita.

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Algunas respondieron que se trataba de una mujer besando a su pareja. Otras vimos a una mujer descansando sola.

Enseguida trajo una fotografía en blanco y negro de una mujer durmiendo, era la modelo de la pintura.

– “Aquí en Ecuador nadie es capaz de ver a la mujer sola”, nos dijo sorprendida.

Lleva siempre una gran sonrisa en el rostro y cada paseo, café o comida con ella son sólo pretextos para escuchar sus historias.

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Margarita recuerda su infancia y sus ojos brillan.

– “El abuelito era muy especial. Crecí con él en Los Alpes, como Heidi.”

Sus padres decidieron que así fuera porque luego de la guerra no tenían mucho para comer y en Los Alpes la realidad era otra. Criada junto a su primo de similar edad, habían visto el mundo de los grandes y sentían que no era bueno.

– “Con mi primo habíamos construido un mundo para nosotros que nadie podía perturbar. Hablábamos con hadas, jugábamos en el campo y teníamos un gato salvaje.”

Sus primeros ahijados fueron unos gatitos que esa gata dejó cerca suyo porque no podía cuidarlos.

Cuenta riendo cuando los vecinos le decían a su abuelo refiriéndose a ella:

-“Señor, ¿por qué no corta el pelo del otro niño?”

Decían eso porque yo era una carishina* también, era grande y trepaba en los árboles.”

Cuando tenía aproximadamente 30 años, en la época de la revolución estudiantil y los hippies, tras 2 guerras mundiales sabía que no quería seguir con lo que hicieron sus padres.

– “Las raíces que ustedes tienen de sus antepasados, nosotros en Europa no las hemos tenido. Habíamos leído el libro “Rizoma” que habla de raíces que, como los mangles, se alimentan del aire.

Fuimos una generación que no quería nutrirse de esa tierra que dejaron sus antepasados, sino del aire.”

 Madrina de 12 ahijados alrededor del mundo, se le ilumina la cara al hablar de cada uno de ellos. Desde pequeña decía que quería tener 12 hijos, para tener un equipo de fútbol.

-“Así que pensé que quería dedicarme a los niños que necesitan amor y no necesité reproducirme para eso.”

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“Yo no he buscado a mis ahijados, ellos me han encontrado a mí.”

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Margarita les provee de todo lo que necesitan para alimentación, educación, vestimenta y se mantiene en contacto con ellos por internet.

Actualmente vive con un perro cocker, Jeffrey (nombre en homenaje a Jefferson Pérez) y 2 gatos, pero su casa está siempre habitada por visitas de la gente que la conoce y la quiere, curiosamente mayormente mujeres y niños en su mayoría.

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Nos contó la insólita anécdota de una amiga, madre de hijos adultos, que retomó el colegio para culminar su educación secundaria. Su esposo le prohibió seguir visitando a Margarita y ella lo único que le pidió fue que siga estudiando, que no dejara que nadie se entrometiera en su sueño.

-¡Eres una revolucionaria! le dice Vale tras escucharla.

-“No. Yo solo vivo, y eso tal vez sirve de inspiración para otras.”

-Esa es la verdadera revolución, le decimos.

-“Soy peligrosa para los hombres, sólo por vivir.”

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Sus padres habían deseado tener hijos hombres y por ello, quería demostrarles que ella podía conseguir lo mismo que un hijo y ser motivo de orgullo.

Nos cuenta de sus inicios como escritora y de su gran deseo, cuando era joven, de convertirse en periodista.

“Era imposible para una mujer de esa época aspirar un cargo así, por ello un editor me dijo que me vaya a Suiza. Ahí por primera vez alguien me dijo que tenía un puesto para mí y me convertí en la primera mujer editora en Suiza.”

Siendo una mujer joven, todos los hombres grandes con sus cigarrillos en la boca le decían:

“Señorita, hágame un café.”

Así que un día se acercó donde el hombre que la había contratado para confirmar que ejercía el mismo cargo que aquellos que le pedían servir café, así que armada de valor un dia les contestó:

-“Por favor señor, haga su propio café.”

Nos cuenta esta anécdota con voz indignada, pues esto pasaba alrededor del 68 en plena revolución estudiantil,

 -“¡Todavía le hacíamos el café a los hombres!”.

 Años más tarde se encontró en la calle con un hombre mayor que iba con su hija, y ella recordó que era él, el hombre que le dio su primer trabajo. Así que se acercó y le dijo:

– “¿Se acuerda de mí?.”

Y él respondió:

– “Claro que sí, yo me acuerdo de todos mis hijos”.

Sorprendentemente unas semanas después se enteró que aquel hombre había fallecido.

-“Fue muy bueno encontrarlo, haber tenido la oportunidad de agradecerle. Haber podido cerrar ese círculo”.

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Algunos viajeros se han quedado con ella al igual que nosotras, han llegado a su puerta por esas energías mágicas que parecen vincular a los viajeros.

-“Cuando viajé por el mundo siempre dije que el día que tuviera una casa recibiría a viajeros como yo. Ahora lo hago, y seguramente ustedes harán lo mismo.”

En la esquina, una casa de madera y pintura celeste con un hermoso jardín nos llama la atención. Margarita nos cuenta que es un espacio que arrienda a una amiga y la ha llamado “Casa Nua” que significa “mujer” en lengua Shuar.

La casa de Margarita en Macas es una sede de energía femenina. Ella organiza noches de cine, encuentros de mujeres, clases de yoga. Su energía inquieta y alegre parece siempre estar irradiando un mensaje de convocatoria a aquellas mujeres que no encuentran fácilmente un tiempo para ellas.

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– “Hace años quise poner un café en la Casa Nua, pero no funcionó. Acá en Ecuador las mujeres no van a tomar café solas.”

Nos hospedamos 2 noches con ella y fue tiempo insuficiente para saciarnos de sus historias.

Nos contó una historia sobre la famosa baronesa de la Isla Floreana en Galápagos mientras recordaba a su muy querida amiga homónima Margret Wittmer que junto a su esposo fueron los primeros habitantes de la isla.

– “Esas historias que los guías de turismo cuentan no son del todo ciertas, siempre hacen ver a la mujer como una villana.”

Margarita es un oasis en Macas. Es madrina, amiga y consejera de mujeres y hombres que se lo permiten en medio de una pequeña sociedad conservadora y de marcados rasgos patriarcales. Un espíritu libre que perfuma y contagia a quien tiene la suerte de llegar a su hogar y a quien se permite un tiempo para mirarla a los ojos y reflejarse en su existencia.

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“(…)así como arrugas no sólo marcan un rostro sino que son el rostro de esa persona, que nunca tiene sólo la edad o el estado de ánimo de aquel momento, sino el conjunto de todas las edades y estados de ánimo de su vida.”

Claudio Magris, “El Infinito Viajar “

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Carishina*: Término de origen quechua que refiere a una mujer con actitudes consideradas masculinas. Generalmente referida a mujeres que no ejercen las actividades domésticas tradicionales.

Artículo original de la web de Warmifonias

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